No hay país que no realice sus negociaciones por medio
de dólares; ni ninguno que no haga todo lo posible por llenar sus arcas con
tantos dólares como le sea viable. En vista de eso, nadie se atrevería a decir que se vaya a acabar algo que está en
todas partes. El dólar, como todo el mundo sabe, es omnipresente a lo largo y
ancho del planeta.
Esto ha sido así desde hace décadas. Decenas de años
que parecen siglos, pues, ya pocos se imaginan como negociar de otro modo entre
naciones. ¿Quién en Costa Rica se imagina importando celulares desde Corea
pagando con buques enteros de lingotes de oro?
Definitivamente es algo poco menos que imposible el
intercambio comercial sin lo que podríamos llamar “una divisa común”; que para
efectos prácticos, ha venido a ser el dólar después de la Segunda Gran Guerra y
la instauración de Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) como
vecinos en la autodenominada capital del mundo, Nueva York.
A partir de ese momento, con las famosas ayudas
financieras para la Europa de posguerra, el apoderamiento de las principales
exportaciones de Latinoamérica, el neocolonialismo en África (y el resto del
mundo) y la Guerra Fría entre soviéticos y partidarios de la Escuela de
Chicago, el dólar empezó su imperio como medida estándar del precio (y valor)
de las cosas. La caída de los regímenes comunistas al final de los ochenta y
principio de los noventa terminó de montar al papel verde en los mercados del
orbe.
Estas cosas pasan, lo más normal en circunstancias
tales es que, en una lucha de poder, alguno de los bandos gane, y en este caso
fue el abanderado de una economía liberal que llevaba como estandarte la moneda
norteamericana. Es algo tan sencillamente normal que ni la más Extrema
Izquierda se ha puesto en miramientos morales para realizar sus transacciones
internacionales con ese numerario.
A lo dicho, el dólar norteamericano (gringo para ser
un poco más exacto, no el canadiense que también en Canadá hay dólares y
también ellos son norteamericanos) pues decía, el dólar gringo se apoderó del
comercio mundial (prácticamente todo pequeño comerciante, en cualquier parte
del mundo, sabe cómo anda el tipo de cambio entre la divisa de su país y el
dólar). Sin embargo, a algunos no les gustó tanto la cosa de esa forma y
empezaron a idear alternativas.
El caso europeo
La vieja Europa (occidental) se estaba cansando de
negociar con monedas extrajeras y decidió poner fin a eso; para ello creó su
propia divisa común, El Euro. Una moneda que circula por Europa como Pedro por
su casa.
Después de años de tragar orgullo, otros tantos
intentando idear la alternativa y todavía algunos años más esforzándose por
ponerla en práctica, Europa tenía su opción al dólar.
Eso no fue fácil, había otros orgullos de los cuales
desprenderse. Au revoir al franco, ciau lira, abschied
marco, adiós peseta. En pos de una divisa unificadora hay que hacer
sacrificios. Eso fue lo que se dijo y eso fue lo que se hizo. De entre las
potencias solo Inglaterra no se deshizo de su amadísima libra.
Después vendrían las desgracias para muchos de esos
países que, privados de tener su propio banco central, ya no podrían, tampoco,
tener el control total sobre su propia economía.
Aparentemente dejar de tener moneda propia no es la
mejor de las opciones para la mayoría de los países, y esto se ha demostrado
con casos como los de Portugal, Grecia y España. Economías que pese a las
grandes reformas (recortes), los años de zocarse la faja y las cuantiosas y
costosas ayudas alemanas, aún no han podido levantarse.
¿Qué significa eso? ¿Se seguirá dependiendo
eternamente del dólar para poder importar y exportar bienes y servicios?
Todavía hay algunos a los que no les suena mucho esa idea.
¿Hay más opciones?
Los primeros años del siglo 21 han dado muestras de
que a la política mundial le falta mucho para llegar a aguas mansas. Frescos
están los recuerdos de la Primavera Árabe, los conflictos en el centro y este
de África, problemas territoriales en el este de Asia y el eterno conflicto
palestino-israelí, por citar solo algunos ejemplos.
Mientras esto pasa, EEUU sigue usando la fuerza cada
vez que algo no le gusta y recientemente Rusia no se le queda atrás. ¿Recuerdan
la invasión de Georgia? China quiere expandirse, Corea del norte se ha puesto
respondona y Cuba... Bueno, Cuba es una isla que a nadie importa, un símbolo que
flota en alguna parte del Caribe, siempre al borde de perderse en el triangulo
de las Bermudas.
Con relaciones de este tipo, para ciertos observadores
la Guerra Fría aún no ha acabado. Siguen peleándose los mismos pedazos de tierra los mismos grandotes
de siempre. Asimismo, en los editoriales de los periódicos del mundo entero,
los enemigos siguen siendo los mismos que hace treinta años.
Los aliados también siguen siendo los mismos, con un
par de nombres más por acá y un par menos por allá. Ahora resulta que la India
y Singapur son potencias en Asia, y en América lo son Brasil y Chile, pero,
¿qué importa? Para usos prácticos de geopolítica, los aliados siguen siendo la
OTAN por un lado y Rusia y China por el otro. Lo que pase en Irán, Venezuela o
Líbano todavía es un problema que les
concierne a estadounidenses y rusos.
Grosso modo y muy a la ligera, son estas las cuestiones que
transcurren en el mundo. Lo que nos devuelve al inicio de esta disyuntiva, ¿se
acabará la hegemonía del dólar? Para rusos y chinos esa variable está dentro de
las posibilidades. Han renovado acuerdos en los últimos días y sus relaciones
políticas y económicas parece que se encaminan a un periodo de lazos mucho más
estrechos. Ambos países se venden entre sí distintas materias primas y cantidad
de productos ya terminados. Su intercambio comercial hace parecer chico
cualquier otro acuerdo de este tipo en el planeta.
El gran hallazgo. Los nuevos acuerdos entre estos dos
gigantes establecen que, de ahora en adelante, las transacciones entre ambos se
harán con las monedas locales. China pagará con yuanes y Rusia lo hará con
rublos. Lo que conducirá, al cabo de pocos años, a que estas dos potencias
tengan sus arcas abastecidas con rublos, yuanes y dólares. Parece una buena
idea para dominar el mercado.
Por ahora, el resto del mundo negocia con dólares a la
hora de comprar y vender lo que sea, no importa si son diamantes o bananos,
cobre o automóviles. Pero quién sabe, talvez en un futuro cercano las naciones
puedan negociar con opciones más bilaterales. Chinos y rusos está dando el
ejemplo de que es posible. Con el tiempo, veremos cuántos siguen sus pasos.